viernes, 15 de febrero de 2013

Afectado

Hace unos días me preguntaron si alguien me caía mal. Me quedé pensando en nombres y naturalmente recordé unos cuantos archienemigos, pero de ahí no pasó. Luego de preguntarme que por qué me caían mal, y de dar mis razones (que son lámparas, fictis, guisos, ñoños y contradictorios), me sentí mal ante la contrapregunta: ¿Y eso a usted en qué lo afecta? Me quedé pensando y dije que me robaban la paz, que perturbaban la simetría de la humanidad, pero lejos de eso me di cuenta que no tenía razones de peso para estar enranchado con otros, porque ellos no estaban haciéndolo para mortificarme adrede. Hasta para buscarme enemigos soy mediocre.

Alguna vez oí que las grandes ideas no salen de la cabeza, sino del corazón y la emoción. Por eso, si a mí no me produce una afectación directa va a ser muy difícil que escriba u opine de algo, o que de ahí salga alguna idea creativa. No me juzguen, estoy siendo fiel al diseño humano, raza especialista en hablar de lo que no conoce y en despotricar del sabor de las mandarinas sin siquiera haberlas probado. Vivimos así, hablando de lo que realmente no nos afecta, pontificando de lo que vemos de lejos y creyéndonos de mejor familia ante el oficinista que pronuncia tatsi, perrea en el barrio Marsella con otra oficinista que usa jean sin bolsillos y además dice que DioSiTo le va a ayudar a no quedar embarazada.

A estas alturas, contar que el Papa renunció es como hacer un chiste con la edad de Amparo Grisales o con las canciones de Arjona: irrespetuosamente predecible. Se nos va Ratzinger y para mí resulta interesante, pues he estado acostumbrado a pensar en que los Papas mueren con el hábito puesto y no renuncian, así mi papá ya se haya ido (con una oficinista ficti, guisa, ñoña y contradictoria). En mis tiempos, los Papas duraban hasta su muerte. No sé si es que Juan Pablo II nos malacostumbró o es que ya no hacen Papas como los de antes.

El Papa no me cae mal, al contrario: lo admiro por dedicar su vida a Jesús. Personas así me generan respeto, así que por eso creo que escribo de él. Lo curioso es que como no soy católico y no me afecta en lo más mínimo lo que suceda con el cargo de Papa,  me impresiona el ambiente de incertidumbre que se levanta entre los católicos tras su partida. Asumo que como es un cargo de poder en todas las esferas sociales, el mundo se pregunta por qué decidió irse, si será verdad que lo hace por salud o por presiones de otro tipo.


Esta semana algunos católicos me censuraron por decir que el Papa renunció porque le ofrecieron algo mejor en la Estrella de la muerte. Entonces, ¿quién entiende a la gente? Quisiera decirles que fue un comentario en tono de broma, que era de chiste, que no era un acto altanero en contra de su institución apostólica y romana, pero está visto que todo lo que un cristiano pueda decir del catolicismo, sea bueno o malo, les afecta porque lo toman como provocación. Me dijeron que fuera a dar mi diezmo y a alabar a mi pastor, que me daba garra y que le iban a pedir a sus santos que me halaran las patas.


No tengo nada en contra de nadie, porque más de lo que me detone entrar en conflicto, cuenta es preguntarme ¿Y a mí en qué me afecta? Ser cristiano no es no opinar de nada, al contrario, es una nota poder dar el punto de vista, mucho más cuando la gente entiende que una cosa no tiene que ver con la otras, que manzanas no son naranjas.  También es chévere ser cristiano porque uno no tiene Papa, no sufre con lo que pueda pasar en el Vaticano y aprende que a recibir a católicos en desasosiego, tal cual como uno mismo fue.


@benditoavila

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