viernes, 22 de febrero de 2013

Tríptico

Conozco a tres cristianas con historias de amor aparentemente diferentes. Una acaba de romper su tercer noviazgo dentro de la Iglesia y sufre, se lamenta porque nada que da pie con bola, pero ya le echó el ojo al primo de un amigo. Otra vive dolida, porque esa que tuvo tres novios por lo menos hizo algo, pero ella sigue esperando que algún Shrek local (así sí somos lo hombres de verdad), le dé una razón para peinarse. La última ya no está desanimada, porque se cansó de esperar (recostada en la cama), y salió por lo suyo: se cuadró con un man que le caía en el curso de preparación para el TOEFL, quien después de confesarle que fue barrista, se la rumbió y le dijo que eso del cristianismo no le interesará nunca.

Cuando la gente hace del amor un fin y no un camino, está condenada a la soledad. No, no es una fusión de Coelho con Arjona, es material Ávila Rincón. Tocó meterle romance y lamparada a un tema que se ha vuelto escabroso para muchos que todavía sufren y se preguntan por el momento en que encontrarán a ese ser amado, ese príncipe o princesa que levantará la escotilla y no los dejará ahogar en el mar de la soltería. Hay algo arjoniano en todo esto, así lo niegue.

Aunque parecen diferentes, las tres historias están cortadas por la misma miserable tijera: la del desfase emocional. Cada una de estas cristianas vive en austeridad, basándose en una certeza amorosa poco espiritual y pasajera, producto de una carencia de fe. El problema de no tener fe es ese, que uno vive al menudeo y además sufre desgastado por no conocer su futuro. Esto es razonable para gente común y silvestre, pero ¿esos que dicen conocer a Jesús y hasta tener una relación con él, deberían echarse a las petacas porque las cosas no les han salido como esperan en el amort?

Si algo me aburre del cristianismo juvenil, es ese afán desmedido por ennoviarse y casarse, como si de eso dependiera entrar en la nave del arrebatamiento. Uno ve gente desfilando por sus redes sociales, haciendo alarde de sus levantes como si nos importara al resto de la humanidad que les dijeron que sí.  No es envidia, pero desde que entró en boga esa competencia tácita de "El mejor cuadre de todos", me dieron ganas de quedarme soltero para siempre.

Sí, esa es la moda: demostrar que se es más creativo, más romántico y más imbécil a la hora de ofrecerle a alguien compañía y cuidados como novioSi van a descrestar a sus futuras montando un comedor lujoso en medio de un bosque, o trepando en un árbol un columpio con picnic incluido, o llenando con globos de helio algún balcón en La Castellana háganlo, pero sepan que llegará otro después que pondrá a tres tucanes a cantarle una fuga y mandará a escribir en el cielo que ella vale todo, y que por lo tanto hará que cualquier otro esfuerzo masculino de conquista parezca un acto de mediocre tacañería.

Es entendible que cuando uno encuentra la que es, hará todo para no dejarla ir. También que hemos sido diseñados para conquistar y toda esa linda parafernalia cristiana. Pero, ¿Dónde quedó lo básico, lo improvisto, el menos es más? Gracias a ustedes, oh amantes de lattes con espuma en forma de corazón y de amaneceres instragrameros, creo que cuando me comprometa será algo tan básico que rayará en lo efectivo, todo porque no me interesa ser tan rococó y envidioso, como en el fondo parece que lo son a la hora de compararse.

La soltería es una etapa de fe, no tanto en que va a llegar algo, sino en que uno debe ser sensible para salir a buscar cuando sea el momento de hacerlo. Esa carrera de ratas presiona, y por eso muchos cristianos viven aplastados, como si ser solteros fuera tener peor que tener sida, lepra y además halitosis. Por eso uno ve trípticos como este, donde tres niñas de supuesto pensamiento espiritual, pelan el cobre al dejarse dominar por sus emociones.

Siempre he creído que el amor nos hace creativos, y que la creatividad nos une en amor. Es un círculo perfecto que encaja en la decisión personal. Tal vez por eso fue que decidí matar a Cupido en defensa propia, porque dar amor es una decisión privada entre dos, no entre tuits, retuits y mentions de un timeline público.



@benditoavila

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