miércoles, 16 de enero de 2013

Catatonia

Según un estudio realizado por el Instituto Tecnológico y comercial de manualidades de Chapinero, ManiChapitech, la gente que lee La Fiebre de las Cabañas pertenece a un grupo denominado caba-ñeros, quienes además de perder el tiempo sanamente, consumir productos colombianos hechos en la China, preferir la sal de la tierra y no el dulce de leche, son lo suficientemente pilos y pilas doble A para darse cuenta al leer qué es lo irrelevante, qué es lo que importa, y qué es lo que no necesita ser filtrado con colador mental, porque merece ir directo a la letrina del que trina.

Los lectores son como hijos bobos a los que uno va educando. Lo malo es que sin saberlo, se convierten en gente infalible, directa, precisa, tal cual como a uno le gusta que sean los bebés que uno formó. Digo malo, porque con esa evolución viene también la determinación y claridad con la que pontifican si les gustó o no lo que leyeron. Escudriñar a este hijo al que le dicen blog parece ser la moda cristiana, tuitera y oficinista. Con humildad (en serio) sostengo (es en serio, de verdad) que es un privilegio inmerecido cuando me llegan QSL literarios de México, Ucrania y Estados Unidos, comprobando que el poder de una idea solo puede ser derrocado por el poder satánico de Soraya. Solo el de ella.

En fin, venía a hablar de otra cosa que ya se me olvidó, pero creo que tenía que ver con este año que inicia. El 2013 es la confirmación de que vencimos a los mayas y de que hay algo más. Creo que cuando Dios todavía no termina de darnos todo lo que nos tiene, permite que terminemos calendarios y hasta cumplamos años. El mío llegó en enero, como suele llegar desde que nací. Los que cumplimos en enero, además de salir blanqueados de regalos porque nos dan navidad y cumpleaños en uno solo, solemos ser gente feliz, porque en la medida de lo posible, podemos cumplir años y viajar al tiempo, que es como un regalo inolvidable.

Cuando cumplo años, recuerdo a Jerry Seinfeld cuando decía que los cumpleaños no son más que un símbolo de cómo otro año ha pasado y seguimos igual (de bajitos, que en mi caso es desde la prehistoria).
No importa lo desesperados que estemos de que algún día una mejor versión de nosotros mismos emerja, cuando estamos parados ante esas velas y esa torta vienen flashazos de mil imágenes y estímulos que confirma que no somos la gran cosa, que en definitiva es Dios quien nos da validez cumpleañera. Debe ser por eso que me molesta cuando alguien me dice en tono jocoso nunca cambies, como condenándome a seguir siendo la misma percanta por el resto de mi vida.

Cada año buscamos que nuestros cumpleaños sean especiales, que gente de todo tipo nos diga lo buenos que hemos sido o lo mucho que nos admiran. Es la verdad: hasta los cumpleaños pueden ser una forma de llamar la atención cuando uno quiere que la humanidad entera se gire a honrarlo. De todas las felicitaciones que recibí este año, hubo una donde decía: "Admirado por muchos, envidiado por otros, bendito por Dios". Aunque sentí estar leyendo mi epitafio, donde también dirá que fui campeón de rugby local (guiño guiño), me gustó mucho saber que no soy del todo agradable, que hay un nicho de la población que no es caba-ñera, sino anti-caba-ñera: el sano sector de la oposición entre los que están los tropipoperos hillsongeros, los que se toman todo en serio y los que publican versículos bíblicos que ni siquiera viven.

Desde que decidí triunfar con jóvenes, decicí fracasar con adultos. Cuando acepté agradarle a Dios siendo la mejor versión de mí mismo, firmé la escritura pública donde aceptaba que la crítica, el desprecio y la incomprensión creativa de ciertos sectores vendrían en el combo. Acepté encarnar en mis cumpleañeras neuronas a la catatonia, aquel estado físico y psicológico definido entre la crisis y el trastorno. He vivido en constantes catatonias, pues ante la desaprobación que en otras épocas me tendería en la lona, ahora no me interesa reaccionar.

Después de cierta edad, uno parece entender que remar contra la corriente y tirarle perlas a los cerdos es parecido, pero no igual. Daré las peleas que considere prudentes, pues así como Ferran Adriá abre su restaurante tan solo 6 meses al año, haré de mi propia vida un LuiskBulli, donde solo la opinión de gente selecta valdrá la pena analizar.


@benditoavila

2 comentarios:

  1. Es cierto cuando decides ser tu mismo tambien decides no caerle bien a quien cree conocerte. ;)

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